Producción | Nuevos Alimentos | 17-Mar-26

Plant-based made in Spain: de la claridad regulatoria al Plan Nacional

La industria plant-based en España genera un volumen de negocio de 600 millones de euros -una cifra que crece en torno al 6-10 por ciento (en los últimos…

Beatriz Romanos

La industria plant-based en España genera un volumen de negocio de 600 millones de euros -una cifra que crece en torno al 6-10 por ciento (en los últimos 4 años, con datos hasta 2024)- y más de 6.500 empleos entre directos, indirectos e inducidos. Además, ha captado en este tiempo más de 226 millones de inversión. Esta sería la foto en cifras de la industria plant-based española, según las cifras compartidas por Vegetales, la asociación que reúne a algunas de las empresas más potentes del sector, junto con GFI, el think tank del sector. Una industria que, además, es de las pocas que puede presumir de un cambio de dinámica en el campo de la marca blanca, donde la del fabricante gana algunos puntos vs. la marca de distribución, al menos en el segmento de bebidas, según nos explica Carla Vidal, Plant-based Director de Alpro en Iberia.

Un marco regulatorio plant-based claro

Esta industria está en negociaciones con el Ministerio de Agricultura Pesca y Alimentación para sacar adelante una ley de calidad que establezca un marco regulatorio claro, que determine desde cómo denominar estos nuevos productos, hasta sus ingredientes y materias, descripción del producto, composición, materias primas, aunque, de momento, sólo para la categoría de bebidas vegetales. Una normativa que, la embajadora de Vegetales, Natalia Berenguer, espera tener culminada a final de año y que espera que facilite la convivencia del plant-based con otras categorías. “Es importante disponer de un espacio seguro, un ámbito jurídico y de calidad que aporte claridad a las normas de juego en la categoría. Y esto no lo vemos como una barrera, sino como un marco que nos homologa frente a otras categorías. Nos da un nombre y un apellido”, explica.

Si las restricciones no afectan a las denominaciones de forma (hamburguesa etc.) estaríamos más o menos confortables

En cuanto al reciente, acuerdo provisional del Parlamento, el Consejo y la Comisión de la UE sobre las normas de denominación de los productos plant based -que restringe el uso de términos como filete, chuletón, pechuga, muslo, o conceptos específicos como bacon-, pero deja vía libre a las hamburguesas, las salchichas o los nuggets– Berenguer se ha mostrado comprensiva en la restricción referida a los nombres de producto o partes de producto animal – «aunque tengo mis dudas sobre el concepto filete”- y afirma que “si las restricciones no afectan a las denominaciones de forma (hamburguesa etc.) estaríamos más o menos confortables”. Para que la medida entre en vigor de forma definitiva, el expediente aún debe ser adoptado formalmente por los ministros de los Estados miembros en el Consejo de Agricultura y Pesca, y someterse a una votación final en el pleno del Parlamento Europeo.

¿Necesitamos un Plan Nacional plant-based?

Coincidiendo con las propuestas de GFI, Vegetales también reclama la puesta en marcha de un plan nacional que ayude a impulsar la industria Plant-Based, a imagen y semejanza de iniciativas similares en otros países, especialmente del modelo de Dinamarca -cuya  idiosincrasia y demanda social puede diferir de la española- pero también Portugal, del que probablemente nos sintamos más cercanos.

¿Y por qué se considera necesario un plan nacional, si según los números de evolución parecen pintar bien? Según Carlos Campillos, representante de GFI, la industria plant-based, aunque emergente,  tiene un gran potencial de impacto económico en nuestro país (el mercado nacional podría llegar a 6.000 millones de euros, con exportaciones de 2.500 millones, cerca de 30.000 empleos, 12% de ellos en la producción agrícola). Pero para desarrollarlo de cara a 2040, es necesario mover algunas palancas: “Si queremos abordar más innovación y atraer capital, es necesario dar ese paso al plant-based 2.0, y para eso necesitamos un plan nacional”, subraya Berenguer. En segundo lugar, porque la industria plant-based es una vía de diversificación para el sector primario. 

Entre las palancas, cita Campillos algunas iniciativas del modelo danés, como el apoyo a la transformación del sector porcino, embarcado en un proceso de reducción de cabaña por motivos de sostenibilidad, rentabilidad o resiliencia ante impactos como las epidemias, facilitando formación, soporte y financiación para diversificar sus fuentes de ingresos en proyectos plant-based. A esto se sumaría el apoyo al ecosistema de I+D con financiación pública y privada; o del ecosistema empresarial con inversión en infraestructuras de escalado o el fomento de la colaboración entre empresas startups y otros actores. 


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